El idioma vivo
Un idioma es la consecuencia de una forma de vivir. Y por ello se convierte en un ser vivo. Con su propio nacimiento, su propia vida y en cierta forma su propia muerte. Naturalmente dadas las características de cualquier idioma, cada evento citado no tiene un momento concreto y definido. Se diluye en un pozo de grises que solamente nos
permite distinguir cada estadio después de cierto tiempo.
Podemos pensar en muchos ejemplos, pero pocos tan claros como el latín. Después de su nacimiento y su auge paralelo al poder del imperio romano, el latín evolucionó de manera tan drástica em distintos lugares que su muerte dio lugar a una familia entera de idiomas, las lenguas romances.
Así pues, cada idioma está abierto a distintos condicionantes como el contacto con otras lenguas, la evolución política del entorno e incluso el desarrollo tecnológico. Y es este último punto el que tiene un impacto considerable en cada idioma. En el castellano, la adaptación de palabras como almohada o aljibe, se dio dada la ausencia de dichos objetos en las culturas cristianas en contacto con el mundo árabe a lo largo de la edad media en la península ibérica.
Hoy en día, el desarrollo tecnológico ha traído y aún trae consigo un desarrollo considerable de los préstamos de palabras. Actualmente, sobre todo del inglés. Palabras aceptadas en mayor o menor medida. Concebidas como más o menos correctas. Verbos como “to click” o “to reset”, utilizadas de manera generalizada en la informática, no han querido aceptar su traducción al español y han dado lugar a la utilización de verbos como “clickear” o “resetear”.
Pero el español es un idioma que presenta cierta reticencia a la hora de aceptar palabras extranjeras, sobre todo comparado con idiomas como el francés o el alemán. El uso de palabras inglesas en estos idiomas ha traído consigo un debate encendido en distintos ámbitos.
Este debate incluso ha tenido repercusiones legales en Francia. Sin ir más lejos, la ley Toubon, aprobada en 1994. Ésta pieza de legislación promulga el uso del francés en el ámbito oficial, publicidad, en ámbitos laborales y otros contextos determinados. No se inmiscuye sin embargo, en el ámbito privado, pero demuestra a las claras la actitud del gobierno francés con relación a la protección del idioma oficial. Así mismo se podrían citar leyes que ponen límites a la música en otros idiomas que se puede escuchar en las radios y que reservan un 40% del tiempo a canciones en francés.
En cierta forma esta actitud frente a la influencia de idiomas extranjeros intenta evitar de manera consciente la desaparición del idioma a largo plazo. Casi podríamos hablar de medicina idiomática.
Quedan, no obstante, abiertas las preguntas de si ello es positivo, necesario, e incluso si estas medidas llegarán a tener éxito. Sin embargo las respuestas no las conoceremos hasta dentro de muchos años. Probablemente, demasiados años para nosotros.

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