Salvando sabiduría
Hace algún tiempo hablábamos del peligro de extinción en el que viven miles de idiomas en el mundo y que podría tener como consecuencia la reducción del número de idiomas hablados en el mundo a la mitad. Con el objetivo de minimizar la perdida cultural que ello supone, la asociación National Geographic colabora en “Enduring Voices”. Este proyecto pretende crear un registro de idiomas en peligro de extinción para que no se pierdan completamente y el conocimiento que se esconde en ellos sobreviva a sus últimos hablantes.
Nace de la colaboración entre National Geographic y el Living Tongues Institute for Endangered Languages ( Instituto de lenguas vivas para las lenguas en peligro de extinción) y tras la primera expedición en el 2007 a Australia, ha realizado distintas expediciones a países como Chile, la India y Papua Nueva Guinea, por ejemplo.
Dado el alto número de idiomas que viven en un peligro de extinción que varía considerablemente, el proyecto “Enduring Voices” ha nacido con la necesidad de buscar una forma de darle prioridad a aquellos idiomas que mas necesidad presentan. Para ello ha utilizado el modelo de puntos conflictivos (“hotspots” en inglés). Desarrollado por el instituto de lenguas vivas, éste se basa en distintos aspectos a la hora de ordenar las prioridades.
Así pues, la densidad de idiomas en una zona es el primer nivel que se analiza. A ello se une un peligro de extinción alto y un bajo nivel de documentación científica. Este modelo ha identificado aproximadamente 24 zonas conflictivas en el mundo, ninguna de ellas situada en Europa. Como ejemplo podemos citar a Bolivia, que con una población de 12 millones de habitantes tiene un interés mayor, ya que presenta una concentración mayor de idiomas, con un número mayor de familias lingüísticas y un peligro de extinción más marcado.
La necesidad de salvaguardar idiomas naturalmente no está exenta de detractores que ven en su desaparición un mal necesario y paralelo a los desarrollos naturales de la evolución humana. Sin embargo habría que plantearse lo que se podría aprender de idiomas que al fin y al cabo son expresiones de visiones distintas de nuestro entorno.
En este sentido, la presencia en el idioma siberiano Yupik de casi cien formas de definir las distintas formas de hielo presentes en el mar nos muestra un conocimiento más desarrollado del entorno que otros idiomas y que probablemente, a pesar de no darse una necesidad para la existencia de esos vocablos en español o alemán, si podría brindar a la comunidad científica con información útil.










A veces el exotismo lo encontramos mas cerca de lo que nos pensamos. No nos tenemos que ir hasta la estepa rusa para encontrar idiomas que se salen de la norma y no se encuadran en la familia de las lenguas indoeuropeas.
Cada vez que se habla de los idiomas en Europa, un concepto es citado en casi todas las ocasiones: “Lengua indo-europea”. Y es que si nos fijamos en el mapa lingüístico europeo se nos viene a la cabeza el comienzo de los cómics de Asterix, en los que toda la Galia estaba dominada por los romanos a excepción de la pequeña aldea que siempre era capaz de resistir la dominación romana. En este sentido podríamos equiparar la familia lingüística indo-europea a los romanos y podemos hallar también algunas excepciones lingüísticas, que al igual que el pequeño poblado galo, han sobrevivido de manera independiente.
Chocolate, queso, relojes de cuco y cuentas bancarias secretas. En estos cuatro conceptos se centra normalmente la idea que tenemos de Suiza. Un país que se encuentra en un mar de montañas y que a pesar de no contar con salida al mar, durante varios años tuvo al ganador de la Copa América de vela en su haber.
Uno de los temas recurrentes a la hora de hablar del aprendizaje de idiomas es el bajo nivel que ha existido históricamente en España. Las razones que se le ha atribuido suelen ser varias, pero sobre todo destacan dos. El fracaso del sistema educativo y el hecho de doblar las películas y series extranjeras, tanto en cines como en las televisiones.
Comienza un nuevo año y a parte de recuperarnos de los excesos de comida y bebida de las navidades y dejar que la cuenta corriente se recupere de los gastos navideños, miramos a un calendario en blanco y pensamos sobre lo que esperamos que nos depare el año que acabamos de iniciar.
Hay ciudades en las que al pasear por ellas, la historia nos inunda. El mejor ejemplo que podemos encontrar probablemente sea la ciudad de Roma, que no en vano recibe el nombre de ciudad eterna. Al recorrerla, compartimos el escenario de mas de 3000 años de historia.
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