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El idioma del hielo y el fuego


De vez en cuando, la actualidad nos lleva a través de los medios de comunicación a lugares recónditos. Lugares con sonidos más o menos exóticos y distanciados en mayor o menor medida de nosotros. Hay veces que las noticias nos trasladan a lugares en los que por un motivo u otro no nos habíamos fijado con anterioridad. Lugares como Haití, Timor Oriental o las islas Feroes, por citar algunos ejemplos. Y naturalmente esto nos acerca a sus gentes y sus idiomas.
Desde el mes de marzo de este año 2010 le ha tocado el turno a Islandia. Gracias a la actividad del volcán situado en los pies helados del glaciar Eyjafjallajökull nuestra atención se ha fijado en la isla que corona al norte la parte oriental del atlántico. En un primer instante las espectaculares imágenes de la erupción llenaron los medios de comunicación. Poco después, las corrientes de aire llenaron los cielos de Europa de ceniza y con ello, los aeropuertos de viajeros frustrados.
El impacto que tuvo la nube de ceniza nos acercó a Islandia. Un lugar enigmático en el que conviven el hielo y el fuego. Un lugar de tintes mágicos al que llaman hogar unos 300.000 descendientes de los vikingos y que comparten un idioma que tiene sus orígenes en la lengua hablada por sus antepasados nórdicos. Y a ella se aferran los islandeses con fervor.
La escritura islandesa se ha mantenido muy fiel a la antigua escritura vikinga, lo que le permite a los islandeses poder entender las antiguas sagas en su versión original. Sin embargo, una posible comunicación oral con sus antepasados sería más complicada, ya no solo por la dificultad que representa un viaje en el tiempo, sino también porque, al contrario que la escritura, la fonética sí ha experimentado un desarrollo importante.

El apego de los islandeses a la conservación de su idioma frente a la influencia extranjera es relativamente moderno. Mientras con la introducción del cristianismo aceptaron palabras escandinavas como “ kirkja” (iglesia) o palabras de origen alemán relacionadas con el comercio, a partir del siglo XVIII un movimiento intelectual lingüísticamente puritano, ha tenido una gran influencia en la conservación del islandés. Así por ejemplo en vez de aceptar préstamos de otras lenguas para conceptos novedosos, los islandeses adaptaron palabras en desuso. La palabra “simi” que significaba cuerda, define ahora al teléfono. Y otro ejemplo destacable de la creatividad islandesa es la palabra electricidad. Partiendo del significado de la palabra griega elektron (ámbar) los islandeses llaman a la electricidad “energía ámbar”(rafmagn).

Así pues, lo que para un nativo es simple electricidad, para el estudiante del islandés se convierte en energía ámbar.  Y encontrarse con estos destellos de poesía es uno de los aspectos mas emocionantes del aprendizaje de un idioma.

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